Hayek, los ancianos y la distorsión de una advertencia
Cuando una cita se arranca de su contexto
Entre las frases más polémicas atribuidas a Friedrich A. von Hayek se encuentra aquella en la que menciona, de forma extrema, la posibilidad de que una sociedad termine confinando a los ancianos incapaces de mantenerse por sí mismos. Leída de manera aislada, la cita parece sugerir una defensa de políticas inhumanas. Sin embargo, una lectura atenta de su obra demuestra exactamente lo contrario.
Lejos de propugnar semejante barbarie, Hayek estaba advirtiendo sobre los peligros últimos de determinadas lógicas colectivistas cuando se desligan de límites morales y jurídicos firmes.
El contexto: La Constitución de la Libertad
La frase procede de La Constitución de la Libertad (1960), una de las obras centrales del pensamiento de Hayek. En ella, el autor reflexiona sobre la libertad individual, el Estado de derecho y los riesgos inherentes a la concentración de poder en manos del Estado, incluso cuando esta se justifica en nombre del bienestar social.
Hayek analiza cómo ciertos sistemas, al priorizar fines colectivos abstractos y criterios de utilidad económica, pueden acabar subordinando al individuo hasta convertirlo en un mero medio para un supuesto bien superior.
Un ejemplo deliberadamente extremo
La referencia a los ancianos no es casual ni literal. Se trata de un ejemplo límite, conscientemente provocador, diseñado para sacudir la complacencia del lector. Hayek plantea una pregunta incómoda:
¿Qué ocurre cuando una sociedad acepta que el Estado decida quién es útil y quién no?
En ese punto, advierte, la moral deja de ser el freno principal y es el poder coercitivo —ejercido por quienes controlan la policía o el ejército— el que acaba imponiendo las decisiones finales.
La mención a los jóvenes que nutren esos cuerpos no es una celebración, sino una descripción fría de cómo operan los regímenes autoritarios cuando han eliminado toda barrera ética.
Advertencia, no prescripción
Es fundamental subrayarlo con claridad:
Hayek no propone campos de concentración.
Hayek no defiende políticas eugenésicas ni de eliminación de los débiles.
Hayek alerta de hasta dónde puede llegar una sociedad que abandona principios morales objetivos y el Estado de derecho.
Su argumento es que, una vez aceptado que el Estado puede sacrificar a algunos en nombre del interés colectivo, no existe un punto lógico de detención. Hoy pueden ser unos, mañana otros.
El colapso moral como peligro político
El núcleo de la advertencia hayekiana es profundamente moral: cuando se sustituye la dignidad individual por cálculos de eficiencia social, la barbarie deja de ser impensable y pasa a ser simplemente una “opción técnica”.
Los ancianos representan aquí a los más vulnerables: aquellos que ya no producen, no se defienden y no encajan en criterios utilitaristas. Precisamente por eso son el termómetro moral de cualquier sistema político.
Citas clave y referencias
Para evitar interpretaciones interesadas, conviene leer a Hayek en sus propios términos. En La Constitución de la Libertad insiste reiteradamente en que el problema no es la intención declarada de las políticas colectivistas, sino la lógica que estas desencadenan cuando el poder queda sin límites claros:
«El problema no es si el gobierno debe hacer esto o aquello, sino si puede hacerlo sin destruir la libertad individual».
En el capítulo dedicado a la seguridad social, Hayek advierte explícitamente contra la sustitución de principios morales y jurídicos por criterios de mera utilidad:
«Una vez que se acepta que el valor del individuo depende de su utilidad para los fines de otros, no existe límite lógico a lo que puede justificarse».
Es en este contexto donde aparece la célebre referencia a los ancianos: no como propuesta, sino como escenario extremo que ilustra el colapso moral final de una sociedad que ha renunciado a límites objetivos al poder:
«Finalmente, no será la moral lo que decida la solución, sino el hecho de que los jóvenes nutren las filas de la policía o del ejército».
La imagen es deliberadamente dura porque Hayek pretende mostrar que, cuando la coacción sustituye al derecho, las decisiones ya no se toman por razones éticas, sino por pura capacidad de imposición.
Referencias básicas
Friedrich A. von Hayek, The Constitution of Liberty (1960).
Edición española: La Constitución de la Libertad, Unión Editorial.
Capítulo XIX: “Seguridad social”.
Conclusión: leer a Hayek con honestidad intelectual
Utilizar esta cita para acusar a Hayek de inhumanidad supone invertir por completo su significado. Lo que Hayek pretendía era advertir, no justificar; prevenir, no promover.
Su reflexión sigue siendo incómoda porque nos obliga a preguntarnos dónde están los límites del poder estatal y qué ocurre cuando una sociedad renuncia a ellos. Y es precisamente en esa incomodidad donde reside su valor.
Leer a Hayek —como a cualquier pensador— exige honestidad intelectual: atender al contexto, al propósito del argumento y a la tradición moral que lo sustenta. Solo así se evita convertir una advertencia contra la deshumanización en una falsa defensa de ella.
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